Inteligencia emocional: comprender lo que sentimos para relacionarnos mejor

¿Qué es la inteligencia emocional y cómo influye en nuestra vida cotidiana? Descubre sus cuatro habilidades, cómo comprender nuestras emociones y por qué el contexto también importa.

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10/23/20268 min read

¿Cuántas veces hemos reaccionado de una manera que después nos ha costado comprender? ¿O hemos sentido enfado, tristeza o miedo sin saber exactamente qué necesitábamos en ese momento?

Las emociones forman parte de nuestra vida cotidiana. Influyen en cómo interpretamos lo que sucede, en nuestras decisiones, en las relaciones que construimos y en la manera en que afrontamos las dificultades.

Sin embargo, no siempre sabemos reconocerlas, comprenderlas o expresar lo que sentimos. En ocasiones intentamos ignorarlas. Otras veces reaccionamos impulsivamente. También podemos sentir que determinadas emociones son inadecuadas y que deberíamos aprender a eliminarlas.

Pero las emociones no son un error que debamos corregir. Son parte de nuestra experiencia humana y pueden ofrecernos información valiosa sobre cómo estamos viviendo determinadas situaciones. La inteligencia emocional nos invita a prestar atención a esa información y a desarrollar habilidades para relacionarnos de una manera más consciente con nuestras emociones y con las de otras personas.

🌱 ¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional es un concepto desarrollado en el ámbito de la psicología que hace referencia a un conjunto de habilidades relacionadas con la percepción, utilización, comprensión y regulación de las emociones.

Uno de los modelos científicos más conocidos es el propuesto por los psicólogos Peter Salovey y John D. Mayer, posteriormente desarrollado junto con David R. Caruso. Desde este enfoque, la inteligencia emocional no consiste simplemente en ser una persona tranquila, optimista o capaz de mantener el control en cualquier circunstancia.

Tampoco significa evitar conflictos o experimentar únicamente emociones agradables. Se relaciona con nuestra capacidad para reconocer información emocional, comprenderla y utilizarla de manera adecuada en nuestros procesos de pensamiento y nuestras relaciones.

Por ejemplo, identificar que estamos irritados antes de una conversación importante puede ayudarnos a comprender cómo esa emoción está influyendo en nuestra interpretación de lo que sucede. Pero reconocer la irritación no significa que tengamos que ocultarla o que el problema que la provoca deje de ser importante.

La inteligencia emocional no consiste en dejar de sentir, sino en desarrollar una relación más consciente con lo que sentimos.

🌿 Emoción, sentimiento y estado de ánimo: ¿son lo mismo?

Aunque utilizamos estos términos indistintamente en nuestras conversaciones, existen diferencias conceptuales que conviene conocer.

  • Emoción: Es una respuesta que implica cambios en nuestra experiencia subjetiva, nuestra atención, nuestro cuerpo y nuestras tendencias a actuar ante una situación que consideramos relevante. Por ejemplo, sentir miedo ante una amenaza puede aumentar nuestro estado de alerta y prepararnos para responder.

  • Sentimiento: Es la experiencia consciente y subjetiva que tenemos de nuestros estados emocionales. Podemos sentir tristeza al recordar una pérdida o alegría al reencontrarnos con una persona importante. Las emociones y los sentimientos están estrechamente relacionados y sus límites no siempre son claros.

  • Estado de ánimo: Suele referirse a un estado afectivo más prolongado y difuso, que no siempre está asociado a un acontecimiento concreto. Por ejemplo, podemos pasar una mañana con un estado de ánimo irritable sin identificar una causa inmediata.

Estas distinciones son útiles para comprender nuestra experiencia emocional, aunque en la investigación psicológica las definiciones pueden variar según el modelo utilizado.

🧩 Cuatro habilidades de la inteligencia emocional

El modelo de Mayer y Salovey organiza la inteligencia emocional en cuatro grandes habilidades.

1. Percibir e identificar las emociones

Es la capacidad para reconocer nuestras emociones y detectar señales emocionales en otras personas. No siempre resulta sencillo. A veces identificamos que estamos incómodos, pero no sabemos si sentimos tristeza, frustración, miedo o agotamiento.

Podemos comenzar prestando atención a algunas preguntas:

  • ¿Qué estoy sintiendo?

  • ¿Qué noto en mi cuerpo?

  • ¿En qué situación ha aparecido esta emoción?

  • ¿Qué interpretación estoy haciendo de lo sucedido?

Reconocer una emoción no implica necesariamente comprenderla por completo. Pero puede ser un primer paso para explorar qué nos está ocurriendo. También es importante recordar que no podemos conocer con certeza las emociones de otra persona únicamente por su expresión facial o su comportamiento. La escucha y el diálogo siguen siendo fundamentales.

2. Utilizar las emociones para facilitar el pensamiento

Las emociones pueden influir en nuestra atención, nuestros recuerdos y nuestra manera de interpretar las situaciones. Por ejemplo, cuando sentimos miedo podemos prestar más atención a posibles amenazas. Cuando estamos entusiasmados, quizá nos resulte más fácil explorar nuevas posibilidades.

Esto no significa que una emoción determine inevitablemente nuestras decisiones. Significa que reconocer nuestro estado emocional puede ayudarnos a comprender cómo estamos procesando la información.

Antes de tomar una decisión importante, puede resultar útil preguntarnos: ¿Cómo me estoy sintiendo y de qué manera podría estar influyendo esta emoción en mi interpretación de la situación? No se trata de desconfiar de nuestras emociones, sino de integrarlas en una reflexión más amplia.

3. Comprender las emociones

Comprender una emoción implica reconocer sus posibles causas, sus matices y cómo puede cambiar con el tiempo. Por ejemplo, detrás del enfado pueden coexistir frustración, miedo, tristeza o una sensación de injusticia.

Una misma situación también puede despertar emociones diferentes. Podemos sentir alegría por comenzar una nueva etapa y, al mismo tiempo, incertidumbre por los cambios que supone. Las emociones no siempre aparecen de manera aislada ni son necesariamente contradictorias. Comprenderlas requiere prestar atención tanto a nuestra experiencia como al contexto en el que surgen.

4. Regular las emociones

Regular nuestras emociones significa influir en cómo las experimentamos, expresamos o respondemos a ellas. No significa eliminarlas ni reprimirlas.

En ocasiones puede ayudarnos hacer una pausa antes de responder, respirar con calma, cambiar de perspectiva o buscar apoyo. En otras situaciones, regular una emoción puede implicar expresar nuestro malestar, establecer límites o tomar decisiones para modificar aquello que nos está afectando. Por ejemplo, si sentimos agotamiento por una sobrecarga continuada, aprender técnicas de relajación puede resultar útil. Pero también puede ser necesario revisar nuestras responsabilidades, pedir ayuda o cambiar determinadas condiciones.

Regular nuestras emociones no siempre significa adaptarnos mejor a lo que ocurre. A veces significa reconocer que algo necesita cambiar.

🔎 ¿Por qué algunas situaciones nos irritan tanto?

Imaginemos que enviamos un mensaje importante y no recibimos respuesta. Podemos interpretar ese silencio de diferentes maneras:

  • «No le importo».

  • «Me está ignorando».

  • «Quizá está ocupado y responderá después».

La situación es la misma, pero nuestras interpretaciones pueden influir en las emociones que experimentamos. Nuestras expectativas, experiencias anteriores y necesidades también intervienen en ese proceso.

A veces nos irritamos porque sentimos que no se ha reconocido nuestro esfuerzo, porque necesitamos aprobación o porque consideramos que una situación es injusta. Sin embargo, conviene hacer una distinción importante. No todo malestar surge de una interpretación equivocada.

En ocasiones, el enfado responde a una situación real de desigualdad, falta de respeto, sobrecarga o vulneración de nuestros límites. Por eso, comprender nuestras emociones no debería llevarnos a cuestionar automáticamente su legitimidad. La pregunta no es solamente si estamos interpretando correctamente lo ocurrido.

También podemos preguntarnos: ¿Qué está sucediendo realmente y qué necesita cambiar?

🤝🏿 Inteligencia emocional y relaciones: la importancia de escuchar

La inteligencia emocional también interviene en nuestras relaciones. Reconocer las emociones de otras personas puede ayudarnos a comunicarnos mejor, comprender diferentes perspectivas y responder de manera más respetuosa. Pero comprender no significa adivinar. Podemos interpretar que alguien está triste cuando, en realidad, está cansado, preocupado o simplemente necesita estar en silencio. Por eso es importante preguntar y escuchar sin dar por hecho lo que la otra persona siente.

También conviene diferenciar la empatía de la obligación de resolver los problemas ajenos. Acompañar emocionalmente puede significar escuchar, reconocer el malestar o preguntar qué tipo de apoyo necesita la otra persona. No siempre necesitamos ofrecer una solución inmediata. Y tampoco debemos asumir que una relación saludable exige estar disponibles permanentemente para las necesidades emocionales de los demás. La empatía también necesita límites, reciprocidad y respeto.

🌍 El contexto también influye en nuestro bienestar emocional

Con frecuencia, los discursos sobre inteligencia emocional se centran exclusivamente en nuestras capacidades individuales. Se nos anima a gestionar mejor el estrés, controlar nuestras reacciones o desarrollar una actitud positiva. Estas habilidades pueden ser valiosas. Sin embargo, nuestras emociones no aparecen al margen de nuestras condiciones de vida.

La precariedad económica, las dificultades para conciliar, la discriminación, las violencias, la soledad o la sobrecarga de cuidados pueden influir profundamente en nuestro bienestar emocional. La Organización Mundial de la Salud reconoce que la salud mental está condicionada por factores individuales, sociales y estructurales. Por eso, no podemos abordar el bienestar emocional únicamente desde la responsabilidad personal.

Pensemos en alguien que experimenta ansiedad por una situación prolongada de inseguridad laboral. Puede aprender estrategias para manejar sus respuestas emocionales, pero esas estrategias no sustituyen la necesidad de condiciones laborales dignas y estabilidad económica.

Lo mismo ocurre cuando una persona vive situaciones de discriminación o violencia. No sería adecuado reducir su malestar a una dificultad para gestionar sus emociones.

Desarrollar habilidades emocionales es importante, pero también lo es construir entornos que favorezcan la seguridad, el reconocimiento, el apoyo y el bienestar.

💭 Una pequeña práctica para la vida cotidiana

La próxima vez que experimentes una emoción intensa, puedes probar a hacer una pausa y plantearte cuatro preguntas:

1. ¿Qué estoy sintiendo? Intenta identificar la emoción sin juzgarla inmediatamente.

2. ¿Qué puede estar influyendo en cómo me siento? Considera tanto tus pensamientos y experiencias como las circunstancias que estás viviendo.

3. ¿Qué necesito en este momento? Quizá necesites descanso, información, apoyo, expresar algo o establecer un límite.

4. ¿Cómo quiero responder? No siempre podemos elegir lo que sentimos, pero en algunas situaciones podemos encontrar diferentes maneras de actuar.

Estas preguntas no son una técnica universal ni sustituyen la atención profesional cuando existe un malestar persistente o significativo. Son una invitación a observar nuestra experiencia emocional con mayor curiosidad y menos juicio.

🌻 Para seguir construyendo bienestar

La inteligencia emocional puede ayudarnos a comprender mejor nuestra experiencia, comunicarnos de manera más consciente y desarrollar recursos para afrontar situaciones cotidianas. Pero no debemos convertirla en una nueva exigencia de autocontrol permanente.

No necesitamos responder siempre con calma, comprender todas nuestras emociones ni encontrar una explicación positiva a cada experiencia difícil. Sentir miedo, tristeza, frustración o enfado forma parte de la vida. Y algunas de esas emociones pueden ayudarnos a reconocer necesidades, identificar límites o cuestionar situaciones que nos perjudican.

Por eso, me parece importante recuperar una idea: Comprender nuestras emociones no significa aprender a soportarlo todo. También significa reconocer qué nos sucede, qué necesitamos y qué condiciones de nuestro entorno influyen en nuestro bienestar.

Cuidar nuestra salud emocional implica desarrollar habilidades personales, pero también fortalecer nuestros vínculos y construir contextos en los que podamos vivir con mayor seguridad, dignidad y apoyo. Porque nuestro bienestar emocional no se construye en soledad.

Referencias bibliográficas

  1. Mayer JD, Salovey P, Caruso DR. Emotional intelligence: Theory, findings, and implications. Psychological Inquiry. 2004;15(3):197–215.
    https://doi.org/10.1207/S15327965PLI1503_02

  2. Salovey P, Grewal D. The science of emotional intelligence. Current Directions in Psychological Science. 2005;14(6):281–285.
    https://doi.org/10.1111/j.0963-7214.2005.00381.x

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    https://doi.org/10.1080/1047840X.2014.940781

  4. Gross JJ. Emotion regulation: Taking stock and moving forward. Emotion. 2013;13(3):359–365.
    https://doi.org/10.1037/a0032135

  5. Organización Mundial de la Salud. Informe mundial sobre salud mental: transformar la salud mental para todos. Ginebra: OMS; 2022.
    https://www.who.int/es/publications/i/item/9789240050860

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